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Conversación sobre Chile con Jorge Arrate

Fernando de La Cuadra - Fevereiro 2011
 

Jorge Arrate (Santiago, 1 de mayo de 1941), abogado, economista, académico, investigador, escritor y político chileno. Graduado en la Universidad de Chile, con estudios de post-grado en la misma universidad y Harvard University. Militante histórico del Partido Socialista, fue ministro de Estado de los presidentes Patricio Aylwin y Eduardo Frei Ruiz-Tagle y embajador en Argentina durante el gobierno de Ricardo Lagos. En el año 2009 fue designado como candidato a la Presidencia de la República por el bloque de izquierda “Nuevo Pacto Democrático y Popular”, un referente que congregado en torno al “Juntos Podemos”, reunía a otras fuerzas de la izquierda extraparlamentaria.

Como intelectual y escritor ha publicado varios libros, de los cuales podemos destacar: La fuerza democrática de la idea socialista (Documentas, 1983); Pasión y razón del socialismo chileno (con Paulo Hidalgo, Ediciones del Ornitorrinco, 1986); Pasajeros en tránsito (Catalonia, 2007); y Salvador Allende ¿sueño o proyecto? (Lom, 2008).

En esta entrevista el ex candidato a presidente de la República abordó temas como la derrota de la Concertación y los desafíos que existen para organizar una nueva fuerza de izquierda, pasando por una relectura del legado allendista (“ni calco ni copia”), resaltando el importante papel de la democracia y señalando caminos para construir un país más justo, inclusivo y fraterno. La entrevista la realizó Fernando de la Cuadra.

[Véase también Conversación sobre Chile con Tomás Moulian e Conversación sobre Chile con Antonio Cortés Terzi]

La derrota de la Concertación

¿Cuando ya se está cumpliendo un año del gobierno de Sebastián Piñera, como evalúa el desempeño de su administración?

Pienso que el triunfo de Piñera representa un corolario de un proceso de decadencia de la Concertación, ya sea por desgaste o por incapacidad, por falta de voluntad o por diferencias internas que hizo que la Concertación dejara de ser aquello que fue cuando nació — en 1988 en el plebiscito, en 1989 en la primera elección presidencial — y terminara convirtiéndose en una coalición de reformas muy graduales de un status quo establecido. Ahora digo un corolario porque a veces tiende a ponerse en el centro el tema que ganó la derecha el 2010, siendo que la derecha ganó por un proceso de descomposición que venía en curso. Lo que si a mi juicio la elección de Piñera puso fin a ese ciclo, un ciclo que efectivamente terminó, que es el ciclo de expansión y desarrollo de los efectos del sistema electoral binominal. La derecha creció y llegó a ser la mitad más uno de los que votan, siendo que históricamente la derecha siempre poseía aproximadamente un tercio, pero comenzó a crecer, a desarrollarse, a consolidarse, a plantear su proyecto más abiertamente y finalmente triunfó.

¿Y cuáles serian las consecuencias de este proceso?

Diría que se inicia un nuevo ciclo en que el tema ya no es el sistema electoral binominal, sino que el objetivo de la derecha hoy día es consolidar un sistema político, un régimen político de alternancia binominal. Es decir, de dos fuerzas tipo demócratas y republicanos, blancos y colorados en Uruguay o liberales y conservadores en Colombia o laboristas y conservadores en Inglaterra… Entonces, consolidar ese sistema en que puede haber una alternancia, pero la alternancia es siempre dentro del mismo esquema. En ese esquema la izquierda es un actor secundario. Y mi planteamiento es que el desafío que tenemos hoy en esta coyuntura es precisamente construir un tercer protagonista, una izquierda protagonista.

En algunos documentos que usted ha escrito sobre la “Nueva izquierda” o en entrevistas que ha concedido a diversos medios [1], recalca la importancia de aunar fuerzas en torno a una izquierda plena, heterogénea, crítica y futurista, pero aún cuando comparto en términos normativos dicha aspiración, lo que observo en Chile es que la izquierda está muy fragmentada, existe una enormidad de pequeños grupos y colectivos de izquierda — movimiento nueva izquierda, socialistas allendistas, iniciativas por más izquierda, etc. — y, por otro lado, rememoro esa alianza histórica desde la época del Frente Popular entre comunistas y socialistas. En ese sentido, ¿es posible reconstruir esa alianza histórica de estos dos grandes partidos, aglutinando en torno de ellos al conjunto de las fuerzas de izquierda?

Para responder a esta pregunta, uso una frase de Mariátegui que dice “ni calco ni copia”, entonces lo que fue la experiencia de la unidad socialista-comunista — y yo me formé en esa generación — es una gran experiencia que se traduce en el allendismo, pero ni calco ni copia, porque lo que es Chile hoy día no es lo que era hace 60 años, el mundo ha cambiado y naturalmente el país, con una sociología que implica ser bastante más finos en el análisis, pues han habido cambios sociales muy grandes, con una gran cantidad de grupos y segmentos que han emergido y que no se sienten representados por el actual sistema político. Entonces, yo diría que domiciliar al Partido Socialista en la izquierda es para mí un gran objetivo, ojala que logremos que el Partido Socialista vuelva a recuperar su sitio en la izquierda. Pero aún así en la actualidad la unidad entre socialistas y comunistas no daría cuenta del arco y la amplitud de lo que es la izquierda, las fuerzas sociales, culturales y políticas que quieren un cambio de verdad, más libertad, más igualdad. En síntesis, en buena hora si los socialistas vuelven a domiciliarse en la izquierda, que es lo que creo tienen que hacer. Pero eso no basta, porque hay en día grandes segmentos de la población que no quieren ser ni socialistas ni comunistas y que son de izquierda.

¿Usted cree que este nuevo referente tiene condiciones de “encantar” — a pesar que el concepto está un poco sobre utilizado — a esos diversos segmentos de la izquierda?

No estoy plenamente seguro. Creo que lo que estamos emprendiendo ahora puede ser un paso, estamos haciendo una convocatoria a las entidades y personas que quieren construir una fuerza de izquierda anti-neoliberal que busque alianza con las otras fuerzas de izquierda y no la contraposición, porque mi deseo es hacer una contribución en lo que queda en mi larga actividad política, es generar precisamente un protagonista de izquierda y no a encabezar batallas dentro de la izquierda, porque para eso no estoy disponible. Creo que es una tarea muy difícil, pero por eso es un desafío que hay que asumir, porque hay que asumirlo, para quienes pensamos así es un deber.

Parafraseando a Gramsci, representa un compromiso ético-político.

Así es.

El legado de Salvador Allende

Y como vislumbra el legado de Allende en este proyecto. Porque Allende es una figura que para muchas personas es el gran líder del siglo pasado, pero para algunos sectores progresistas Allende no es una referencia importante…

Bueno, a mi no me gusta mucho el término “progresista” porque creo es un chicle que ya ha masticado demasiada gente. Hubo una cumbre progresista en la que estuvo Clinton, Tony Blair, junto con Lula, Cristina Fernández, no sé si estuvo Correa…

En realidad yo me refería a aquellos sectores progresistas a ser sumados en una propuesta alternativa, pensando en la idea de Enrico Berlinguer respecto a la construcción de un bloque histórico que impulse los cambios desde una perspectiva socialista y democrática.

Creo que para hacer cambios en Chile se requiere de una izquierda poderosa y capaz de entenderse con otros sectores. No estoy en contra de los acuerdos de la izquierda con el centro o los llamados progresistas, porque tenemos que hacer una política de mayorías. Pero el punto es qué es lo que tiene prioridad hoy día, van los bueyes adelante o va la carreta. Es decir, una opción es construir un movimiento unitario de izquierda y de centro para derrotar a la derecha. Y la otra opción — que no es contradictoria con unir fuerzas — consiste en poner la primera prioridad en construir un protagonista de izquierda, porque no hay un protagonista de izquierda solido. Nosotros sacamos un 6,2% en las elecciones, el Partido Comunista tiene tres diputados… la izquierda es un actor secundario en Chile. Entonces la pregunta que hay que hacerse es como hacemos para transformarnos en un actor principal. Para ello tenemos que ser una izquierda pactista, capaz de asumir compromisos y alianzas. El punto es desde donde se hacen los acuerdos, si se hace desde casi la insignificancia o se hace desde una fuerza que ha sido capaz de superar sus diferencias, por lo menos coordinarse, plantear una plataforma mínima que no signifique olvidar o dejar para las calendas griegas los grandes objetivos que nos hemos planteado.

Volviendo al legado de Allende. En una entrevista, el escritor Jorge Edwards señalaba que en el Chile actual Allende era una estatua.

Mire, yo creo que Allende le daría la razón a Edwards, porque en un momento recuerdo haber escuchado a Allende decir: “Yo soy carne de estatua”, en el sentido que tenía una misión histórica… ahora entiendo que en el sentido que lo dice Edwards, posee una connotación peyorativa. En todo caso Allende es la figura más grande del siglo XX chileno, representa el líder del único proyecto que en 500 años de historia ha querido transformar la sociedad y que estuvo a punto de hacerlo. Para mí es un referente que marca toda mi vida política. Entonces, yo soy un allendista, pero sin calco y sin copia…

Chile en la actualidad

Tengo la clara impresión de que Chile ha entrado desde hace varios años en un proceso de conservadurismo moral, fuertemente condicionado por las formas que asume la cultura de este nuevo capitalismo al que hace referencia Richard Sennett [2]. O sea, las personas están preocupadas de consumir y consecuentemente de trabajar afanosamente pagar las deudas, con escasa participación, con fragmentación de la vida social, con ciudades segregadas, sin espacios públicos donde las personas convivan activamente, etc. En ese contexto, ¿usted cree que el país podrá retomar un camino delineado por la acción colectiva, la participación y la solidaridad?

Bueno, yo creo que usted apunta a una cuestión básica en todo análisis de diseño político donde se contemple la dimensión cultural. O sea, Chile siempre fue un país más encerrado sobre sí mismo con relación a otros países como Argentina, que tuvo una política migratoria abierta y la nuestra fue una política migratoria más selectiva. Los chilenos a veces no nos damos cuenta de que estamos al final del mundo, somos finalmente un islote raro y largo. Eso se convirtió tempranamente en Estado antes que muchos países de América latina, con el predominio de una burguesía y de una iglesia que establecieron a lo largo del siglo XIX un sistema muy autoritario, sin bien con rasgos democráticos formales, que tuvo un periodo de apertura en el estado de compromiso desde 1932 hasta el golpe militar. Entonces Chile ha sido siempre un país culturalmente conservador donde las noticias siempre llegan después y las cosas siempre ocurren después de que han ocurrido en el resto del mundo. Chile acaba de reconocer a Palestina después de Brasil, Argentina, Ecuador y otros países latinoamericanos. Y además la ha reconocido sin los limites de antes de la guerra de los 6 días. Eso es típico de lo que es la cultura conservadora chilena de no arriesgar, es un país que está menos abierto al mundo, a pesar de que hoy día el mundo se ha reducido por la vía de las tecnologías de la información y las comunicaciones, de la música y de la globalización, para recurrir a un concepto que tiene un fuerte impacto en Chile. Entonces, el tema que plantea usted es una lucha permanente de largo plazo “desde abajo” en un país donde el pensamiento conservador ha ido estableciendo una hegemonía muy fuerte. En los últimos 20 años es la derecha la que parece más gramsciana: fundaron universidades, controlan la educación, se han preocupado por controlar todos los medios de comunicación, o sea, es la batalla cultural…

Pero si uno piensa que Chile vivió la experiencia de la Unidad Popular, que es una síntesis de todo un proceso histórico que se inicia en 1938 con el Frente Popular y cuya población fue reconocida como poseedora de una vasta cultura política ¿En qué quedó toda esa herencia, simplemente se extinguió?

La verdad es que la dictadura fue muy brutal y su objetivo fue exterminar, literalmente exterminar lo que había sido la izquierda en Chile, comunistas, socialistas, miristas. Junto con eso, se produjo una yuxtaposición entre un proceso mundial hacia la constitución del mercado como una institución rectora de la sociedad, el libre mercado a ultranza y un régimen político autoritario. Lo interesante desde el punto de vista analítico de Chile es esta mezcla entre la libertad extrema en lo económico y autoritarismo en lo político. Entonces, el golpe fue muy fuerte, el golpe desarticuló, el golpe extinguió… Aquí hay una generación completa que fue barrida, incluso en términos etarios se aprecia un hoyo, un espacio de las dirigencias políticas de la izquierda, particularmente es el caso del Partido Comunista, que estuvo 17 años perseguido para exterminarlo y 20 años excluido del sistema político. Que no fue el caso del Partido Socialista. Y el MIR es un caso extremo de persecución. En tal sentido, ese gran movimiento social que representó la Unidad Popular en Chile — que junto con la revolución mexicana y la revolución cubana fue uno de los grandes acontecimientos del siglo XX —, la dictadura y las tendencias mundiales lo golpearon muy fuertemente.

La izquierda chilena sufrió cuatro derrotas consecutivas. La primera el golpe de 1973. La segunda el fracaso de la política del Frente Patriótico Manuel Rodríguez y la estrategia de insurrección, en 1986 con el atentado fallido y en 1987 con la internación de armas en Carrizal Bajo. Tercero, la caída del muro de Berlín y el fin de los regímenes de partido-estado de Europa del Este a partir de 1989. Y cuarto, la derrota de los socialistas que en 20 años no sólo no pudieron darle un sello más de izquierda a la Concertación, sino que la Concertación les dio a ellos un sello más de derecha.

Aunque también podríamos pensar que la última derrota es la parte culminante de un proceso en el cual la izquierda no fue capaz de recuperarse de la represión que sufrió durante 17 años. O sea, es la continuidad o quizás síntesis de la derrota ocurrida en los años 70.

Bueno si, la culminación de la derrota socialista es a mi juicio el gobierno Bachelet, porque Lagos era un socialista más social-demócrata y Bachelet era una socialista de la línea marxista-leninista del Partido Socialista, que incluso había sido contraria a la participación en el plebiscito de 1988 y resultó ser un gobierno que “entregó la oreja” rápidamente, más allá de los avances que se produjeron en distintas materias.

Por ejemplo, en materia cultural.

Sí, pero yo me refiero a los pilares básicos de un modelo económico y político que no fueron tocados. Por ejemplo, en el gobierno de Lagos se creó el Plan Auge [3] dentro del sistema de salud, que es un gran avance, pero no trató el tema fundamental de la salud privada versus salud pública o de la universalización de los derechos de salud. Tal es así que hoy día el Auge está siendo objeto de un proceso de privatización por la vía de los bonos Auge. Y algo parecido pasó con Bachelet, todo el cambio al sistema previsional que ella planteó, tampoco se pudo realizar y terminó transformándose en una política asistencial. Ahora, ¿por qué no se pudo realizar? Porque no habían las mayorías, porque la derecha se opuso sistemáticamente. El problema de la Concertación es que nunca quiso decir eso y la gente no supo. Porque todo se firmaba con un previo acuerdo. Cuando Bachelet asumió se firmó un gran acuerdo por la educación. Pienso en la famosa foto en que están todos cantando la canción nacional con los brazos arriba, la derecha con la Concertación unidas y la presidenta Bachelet al medio.

Eso después de las repetidas manifestaciones de los pingüinos que al final se negaron a firmar el documento elaborado por la comisión [4].

Justamente.

Ahora debemos admitir que Bachelet tuvo — al igual que Lagos — un conjunto de restricciones o constreñimientos estructurales para hacer las reformas. Algo parecido a lo que sucede actualmente con Obama en Estados Unidos.

El punto es que Obama planteó un cambio en salud muy profundo, no pudo llevarlo a cabo totalmente, pero todo el mundo sabe en Estados Unidos que no lo permitieron los republicanos coludidos con las empresas de planos de salud. Aquí no, aquí todo se reviste de consenso. En sus primeros discursos Bachelet habló de llamar a un plebiscito para decidir sobre el Tribunal Constitucional o el sistema electoral. Después nunca más se volvió a tocar el tema. La Concertación optó al final por ni siquiera mandar los proyectos al Congreso. Sabemos que por el sistema binominal en el Congreso no están las mayorías suficientes. Entre otras razones, no están por culpa de la propia Concertación, porque ella nunca quiso hacer un pacto electoral con la izquierda para generar las mayorías que permitieran, por lo menos, modificar las leyes orgánicas. Nunca lo quiso hacer, hasta que tuvo la necesidad por cálculo electoral de hacerlo en la última elección. Pero la responsabilidad del conglomerado es que durante 20 años no quiso hacer ese pacto para generar mayoría. Segundo, cuando los senadores designados ya no le servían a la derecha y le correspondía a la Concertación designarlos, terminó con la institución de los senadores designados, lo que implico una renuncia explícita a tener mayoría en el Senado. Y después se hizo la reforma constitucional del 2005 y se la llamó como la “Nueva Constitución”.

En todo caso, esos eran compromisos que había asumido la Concertación en función de una política de Estado.

Es cierto, un gobierno es de todo el país y eso lo entiendo y lo sé, pero yo creo que la actitud de un gobierno debe ser también explicarle a la ciudadanía porque las cosas que quiere hacer no las puede hacer. Y para explicárselo tiene que plantear los proyectos y llevarlos a discusión y llevarlos a votación. Pero aquí no, aquí la derecha estableció un sistema de consenso previo a la votación de los proyectos. Usted sabe que la derecha exigía negociar antes de votar. Lo sé porque cuando fui Ministro de Trabajo envié un gran proyecto de reforma laboral — el más significativo que se haya enviado — apoyado por todos los partidos de la Concertación, el gobierno, etc. y la derecha exigió negociar antes de votar la idea de legislar, porque si no votaba en contra. Bueno, después yo negocié, negocié con el Senador Tagle — que era un senador designado — elaboramos un proyecto y perdí igual, la “idea” de legislar. Y a todo el mundo le quedó claro que era porque la derecha no quería legislar en materia de relaciones laborales. Las peleas hay que darlas.

El problema parece situarse en el hecho de que al final todo queda bajo el tapete y las personas no se enteran de lo que acontece en los salones del gobierno, del congreso o en el comedor de algún político conspicuo, como sucedía con las negociaciones que eran realizadas entre Longueira y Lagos. Incluso los militantes socialistas tampoco se enteran de los acuerdos que realizan sus cúpulas partidarias.

En el último periodo el Partido Socialista se ha transformado en un partido con un peso muy fuerte de los dirigentes y los funcionarios. Y bueno, hoy día vemos los debates internos, vemos lo que pasó con la discusión sobre el reajuste salarial de los funcionarios públicos, las divisiones ante el próximo congreso… yo creo que es un proceso de rehabilitación difícil.

Las propuestas de la campaña

Cuando releo las propuestas que usted efectuó durante su campaña, me parece que los temas planteados son bastante amplios y necesarios para el país, como la convocatoria a una asamblea constituyente o la nacionalización de las riquezas mineras o inclusive cobrar a las empresas mineras un royalty ajustado a sus lucros…

Efectivamente, mi discurso en la campaña fue de sentido común, o sea, lo que decía era: si uno convive con su familia, con su mujer, con sus hermanos, con sus hijos, no es lógico que haya un acuerdo familiar en torno a cómo quiere que las cosas funcionen. Es lo mismo con el país, tenemos que discutir en torno a cómo queremos una Constitución democrática. Una vez en al inicio de la campaña en una entrevista en la radio me señalaron que era complicado plantear eso de la Asamblea constituyente — las encuestas me daban el 1% en ese momento — y yo le dije al entrevistador, bueno de que se preocupa tanto si somos un 1% vamos a tener el 1% de los constituyentes. Eso en relación a la constituyente.

Ahora con relación a las mineras, acabo de leer hoy en la mañana una información de un experto que dice que el cobre va a llegar dentro de 12 meses a US$ 5 la libra. ¿Usted se da cuenta las ganancias, usted se da cuenta lo que se van a llevar?

Se va a incrementar aún más la fortuna de la familia Luksic.

Bueno, tenemos 3 o 4 familias y grupos económicos entre los 500 más ricos del mundo, según datos de la revista Forbes. Es decir, casi el 1% de los más ricos del mundo son chilenos, mientras nuestra población de 16 millones es 0, 00... Lo que demuestra que el poder económico en Chile es extremadamente concentrado, es un país del 10%, aunque lo que realmente importa es el 1% y hay un 9% que está colgado. A esa población hay que darle crédito para que se endeude y para que consuma y después aplicarle los intereses. Alguien me dijo que en la constitución de Brasil los intereses sobre intereses están prohibidos.

Si, es una práctica prohibida en la legislación brasileña.

Pero aquí en Chile se aplican intereses sobre los intereses, eso se llama el anatocismo en derecho. Y que intereses! Es una tasa altísima de interés para un país que tiene solamente un 3% de inflación.

Sobre la democracia y el socialismo

En su libro La fuerza democrática de la idea socialista publicado en 1983, se plantea una relación virtuosa entre socialismo y democracia que expone en forma anticipatoria ese debate en el medio latinoamericano y chileno. Dada la actualidad del tema ¿Ha pensado republicar este libro?

No, aunque quizás sea el libro más importante que he escrito hasta ahora, porque es el libro de la renovación. Pero ya han pasado 28 años, y la mayor parte de las cosas publicadas en ese entonces hoy tienen distintos matices. Hay un capítulo sobre Eugenio González que estaba pensando el otro día retomarlo y escribir un artículo sobre la actualidad de este gran teórico, porque allí está aquello que yo llamo la “estrategia de coincidencia y desafío” entre los socialistas con los comunistas y la democracia cristiana, donde los socialistas hacen una especie de articulador o pegamento de este bloque. Y lo que ocurre después es que los socialistas y los demócrata-cristianos se niegan a hacerlo con los comunistas. Eso es paradójico, ya que los socialistas nunca estuvieron por excluir al Partido Comunista y al final aceptaron, digo aceptamos, excluirlos. Porque la Democracia Cristiana imponía ese veto. Entonces, es lo que he dicho posteriormente a la publicación de ese libro, en Chile no hubo un “compromiso histórico”, en Chile lo que hubo fue un centro-sinistra a la Craxi, que es el acuerdo italiano entre demócrata-cristianos y socialistas, sin los comunistas. Que justamente nunca fue la perspectiva de Allende, pues todo el esfuerzo y la acción política de Allende se concentraba en reunir a la izquierda en primer lugar.

Finalmente, ¿Cuál es su agenda para construir esta nueva fuerza de izquierda y darle un mayor protagonismo?

Estamos con un grupo de personas convocando para fines de este mes a una reunión con los que quieran participar en la creación de una nueva fuerza que le dé prioridad a su propio proyecto, que busque entenderse con las otras fuerzas de izquierda y que se constituya en un actor protagónico. En eso está participando la izquierda cristiana, los socialistas allendistas, el grupo por “más izquierda”, etc. Y estamos tratando de armar un referente heterogéneo, diverso, basado en siete, ocho o nueve puntos de acuerdo fundamental que traten de contribuir para agrupar a la izquierda. Ahora no estamos cerrados al Partido Socialista ni a sectores del Partido por la Democracia, ni a sectores del Partido Radical, ni siquiera a sectores la propia Democracia Cristiana. Y por supuesto nuestro primer aliado natural debiera ser el Partido Comunista, porque a pesar de la diferencia de matices que tengo con el PC, fui candidato con el apoyo del Partido Comunista y en la campaña percibí que el cariño, el afecto y la admiración que les tengo es mucho mayor hoy día, porque conocí directamente a sus bases. Así es que nada más lejos de mi ánimo que entablar una disputa con el PC. Existe una diferencia fraternal, que no me voy a abstener de darla por más cariño que les tenga y que es parte del debate político.

Creo que estamos en un momento que para construir una fuerza de izquierda moderna, futurista, orgullosa de su pasado pero con la mirada puesta adelante y para reconstituir esta izquierda lo primero que hay que hacer es des-demonizarla y asumir lo que uno es. Nosotros estamos abocados a reunir a personas, entidades que se identifiquen con un pensamiento de transformaciones sociales profundas y, en términos de segmento, nuestra primera prioridad es el 50% de los chilenos que no participan: blancos, nulos, abstenciones, no inscritos, chilenos que viven en el extranjero y los jóvenes. Entre los jóvenes tenemos a una gran masa que repudia al sistema, que repudia la política y que repudia a los políticos en general. Ahí es donde la palabra “re-encantar” juega su rol. Por eso que el reencantamiento tienen que hacerlo otros jóvenes y aquí lo que tenemos que hacer las generaciones con más años es pasar el bastón de la posta, aquí hay que levantar cinco o seis figuras que estén entre los 35 y los 40 años. Lo que personas con más experiencia podemos hacer es contribuir siempre. Por mi vocación política que está viva, no me voy a ir para la casa, voy a seguir trabajando, aunque hoy día sea minoría dentro de la minoría…

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Notas

[1] Se puede consultar la serie de entrevistas y artículos que fueron compilados en la publicación Un horizonte para la izquierda, Santiago, Imprenta Caburga, octubre de 2010.

[2] Ver Richard Sennett, La cultura del nuevo capitalismo, Barcelona, Anagrama, 2007.

[3] Plan de Acceso Universal con Garantías Explícitas en Salud (AUGE) es un sistema que beneficia al conjunto de los ciudadanos en 40 tipos de patologías en sus diversas etapas, como cáncer, cardiopatías, diabetes, neumonía, SIDA o esquizofrenia.

[4] Nos referimos al informe elaborado por el “Consejo Asesor presidencial para mejorar la calidad de la educación”, el cual estaba integrado por 74 miembros de los cuales solamente 12 eran representantes de los estudiantes.



Fonte: Especial para Gramsci e o Brasil.

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